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La Candelaria

Desde el S. XVIII se celebra en Beniel, con gran solemnidad, la fiesta de "La Candelaria". Es una fiesta litúrgica en la que conmemora el acto de la Presentación de Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen. Dicha fiesta se celebra el 2 de febrero, siguiendo la tradición occidental.

Inicialmente tuvo un carácter penitencial y purificatorio, pues las personas se acercaban al sacramento de la penitencia o hacían procesiones. Tomando en cuenta las palabras del anciano Simeón, que en el Evangelio llama a Jesucristo "luz de las naciones" (Lc. 2.28-32), en las procesiones se utilizaban velas o candelas encendidas, lo que dio origen al nombre "Día de La Candelaria o Fiesta de La Candelaria". En Beniel se celebra de una forma singular, ya que se hace escenificando la Presentación y el Niño va vestido con un traje de bautismo.

A las 08,00 de la mañana se llevan las imágenes de S. José y la Virgen en peregrinación hasta un extremo del pueblo, donde se dejan para ser veneradas por los devotos. A las 11,00 se bendicen las "candelas" en el templo parroquial y el pueblo va, nuevamente, en procesión a recoger las imágenes y volver con ellas, asimismo en procesión a la iglesia. La misa es concelebrada por todos los sacerdotes, hijos del pueblo y de los párrocos de los pueblos limítrofes, tanto de la diócesis de Cartagena como de la de Orihuela-Alicante. Preside la misa el obispo o un sacerdote de categoría diocesana. En el ofertorio se procede al rito de la ofrenda de la presentación, en el que S. José ofrece dos tórtolas o pichones (después regalados a los pobres) y la Virgen presenta al Niño, que queda sobre el altar durante toda la celebración de la misa. La solemnidad y belleza con que se lleva a cabo la celebración produce en los asistentes emoción incontenible que hace sentir en los corazones de todos en auténtico sentido de la fiesta.

Es evidente la relación que guarda la fiesta de la Candelaria en Beniel con la presencia e importancia de fuego y de la luz, en nuestra cultura popular mediterránea, pues el momento culmen y de mayor tensión popular de "La Candelaria" lo constituye la quema de la famosa "Traca" ya que, desde el momento en que se inicia el fuego hasta el trueno final, el pueblo se transporta a un mundo fascinante. Los largos minutos de fuego producen en los asistentes no sólo expectación y júbilo, sino también tensión creciente y contenida por temor a que la llama se apague, se interrumpa el fuego y el "corte" desluzca la fiesta y abra la sospecha de los malos presagios.

En principio la Parroquia corría con los gastos de la fiesta. Es a partir de 1857, cuando los mayordomos de la Cofradía de la Virgen del Rosario se encargan de recoger los tributos del pueblo para la financiación de este día.

Desde la tarde del 24 de diciembre hasta el 6 de enero, tiempo de Navidad, los mayordomos recorrían las casas del pueblo, pedanías y huerta, acompañándose de troveros e instrumentos musicales tradicionales, para recabar los medios económicos necesarios. La comitiva, presidida por el estandarte de la Virgen que introducían en las casas para que éstas fueran bendecidas, y secundada por los niños y niñas que se les unían en el recorrido, era agasajada y se les invitaba a tomar copas, mantecados e incluso a merendar si la visita se realizaba por la tarde. La visita tenía una positiva aceptación entre la gente y los vecinos, además del donativo voluntario y secreto compraban las papeletas que los mayordomos ofrecían para la rifa del cerdo, que se hacía en la plaza el mismo día de la fiesta. Asimismo rifaban las dos tortadas que desde los orígenes de la fiesta se ofrecían a la Virgen, como se ha hecho tradicionalmente con las mujeres que daban a luz. Hoy muchos de esos valores culturales, tradicionales, populares han caído en desuso.

La Candelaria ha sido siempre la fiesta más popular y sentida por los benielenses. Autoridades políticas y religiosas, vecinos hijos del pueblo residentes fuera del mismo, en incluso mayores y jóvenes de las localidades vecinas no faltan a la cita para honrar y vivir, con alegría y entusiasmo, el día de la Patrona de Beniel. En las calles, llenas de tenderetes, se ofrecen a los forasteros los tradicionales "torraos", avellanas, caramelos, tramusos y, especialmente, lo típico de ese día que son "las bolas hechas con azúcar tostada", únicas para ese día y traídas de Orihuela, y los "samblases" que las madres cuelgan del cuello a sus niños para evitar que mueran ahogados. Personajes emblemáticos del pueblo eran el Cojo el Lillo" y su hermana "Josefa".

 

Mª Ángeles Navarro Martínez
Cronista oficial de Beniel


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